martes, febrero 09, 2016

El agua es nuestra

Lo poco que tenemos
y lo mucho que inventamos.
Lo invisible y su esencia
de cuerpos que acaban con toda oscuridad.
Serás vos, seré yo. Seremos.
Febrero sabe de espejos rotos, de mala fortuna
en la esquina de mi barrio de ayeres, tu mirada
de héroe ajeno, propio, imaginado, deshecho.
Sos de estrellas y tiempo,
soy de lunas y espacio.
Despacio,
la eternidad espera
en tus piernas, en mi vientre
sobre mi pecho tu mano duerme.
No sabemos el futuro, pero no habrá paraísos
no tenemos morada, ni un techo bajo el cielo
pero el agua es nuestra
y algún que otro gemido.
Te vas entre las sombras
y yo te prefiero silencio.
Fantasma y locura,
saliva y viento, ya pasa de mí.
Se me esfuma tu olor de las manos,
maldita mierda tu invento
de querernos como ya no se debe.
por pudor y principios,
por temor a la hoguera.
Te bendigo y maldigo en  mis noches sin tu urgencia,
odiado y amado. Constructor de sueños.
Se van con vos mis papeles de esta obra intensa, pero de bajo presupuesto,
el de dama,
el de puta,
el de mascota sumisa,
el de inolvidable,
el de ilusa,
el de trémula,
el de poeta.
Mañana escribiré todos de nuevo,
con tu letra.
Mientras el ruido de las cosas que pasan me aturde,
 me voy despegando de esta piel
tuya, mía, sucia, colmada,
de lo que sabés dar y lo que no,
de lo que dejas y eso que te llevas:
mi aire, el sueño, las ganas,
no guardo nada, no tengo ensayado ni un sentido adiós, ni una solemne despedida,
ni una excusa, ni la más dulce y ridícula declaración de amor.
Finjo muy bien que no tengo amor.
Para que sólo me quede esta lágrima que baja,
corre, se ríe y se hamaca,
en la comisura de mi boca que ojalá mañana no sepa decir tu nombre.

Aprender


Ni sombras, ni ocasos.
Se bajan las armas, se congela el frío.
Ni dioses, ni mitos.
Se apura la prisa, se mece el destino.
Ni orgullo, ni ausencia
se fecundan soles, se inventan colores.
No alcanza, ni sobra.
Se rinden las puertas, se entierran rencores.
Ni abismos, ni espantos.
Se acarician sueños, se desviste olvidos.


Seamos nuestra propio hogar, mi sangre tiene color aurora en tus ojos claros.
Si tan sólo pudiera hacerte entender que mi calma en tus manos,
 no se trata de azares ni de tiempo.
Pero, sobre todo, que aprendas a maravillarte-como yo aprendí- de
que el instante perfecto sí existe para nosotros.

Y es cuando el mundo se detiene brevemente en nuestra  mínima casualidad,
 ésa que ocurre cuando tu "te quiero" se cruza en el aire con el mío.

sábado, enero 31, 2015

Condena



 ...So you think you can stone me and spit in my eye
So you think you can love me and leave me to die
Oh baby - can't do this to me baby...
(Queen- Bohemian Rhapsody)



Se sabe. Dos demonios no pueden estar juntos.
Más allá de una cuestión de equilibrio o de practicidad se trata de un asunto de vida o muerte.
El demonio está diseñado para infligir todo el daño que le sea posible. Y aunque difícilmente puede herir a otro demonio puede aniquilarlo en cuestión de segundos.
Es costoso para el infierno (esa escuela de demonios) generar seres endemoniados hechos y derechos entonces cada pérdida es casi irreemplazable. Porque un demonio requiere de muchísimo estudio sobre las cuestiones sociales y corrupciones de todo tipo. Además tiene que tener el lomo repleto de cicatrices de miles de desilusiones mal curadas, un sinnúmero de decisiones mal tomadas y caminos sin rumbo. Y, poco a poco, ir perdiendo algunas capas de la piel:  la piedad, la empatía y hasta la sonrisa.  Todo demonio es un reservorio inagotable de crueldad sin límite, de gusto por reverenciar lo sórdido, de placer de romper, de enviciar y ensuciar lo bello. De tragar sin escupir toda la mierda y la inmundicia ajena.
Por eso los demonios tienen prohibido acercarse demasiado entre ellos. Deben guardar una distancia prudencial, no intercambiar fluidos y obviamente tienen terminantemente vedado el mínimo intento de sentir. Porque aunque el amor sea un invento infernal (por esa obsesiva pasión que sienten los demonios de ver padecer a los otros), en el decálogo del “buen demonio” (esa contradicción) el amor es la peor estigma. Caer en él no sólo sería convertirte en un demonio patético, el hazmerreir del averno, sino que es una afrenta que se paga con dolor. Otro dolor.
Como cualquier mortal sabe un demonio no es más que un ángel caído. O en lenguaje corriente: un ángel que hizo todo mal y se lo expulsa donde hacer todo mal es la principal premisa: abajo.
Dos demonios no pueden estar juntos.
El mal los necesita en sus torcidas filas.
La historia los precisa para justificar las torpezas de la humanidad.
Dos demonios no se pertenecen porque no pueden ser ni de ellos mismos.
Aprendices de traidores, mala hierba, engendros de un caos delicado, adoradores del fuego, manzanas podridas, almas en pena. Mucha, mucha pena, poca, poquísima gloria.
Y aunque les duela el dolor, les hierva la sangre, los empuje la soledad y les queme la noche, dos demonios no sirven para estar juntos.
Aunque el bien y el mal sean un invento ridículo de quien necesita ordenar categóricamente las cosas. Aunque nos duela ser como somos.
¿Qué gracia tendría tocarte si no puedo hacerte sangrar?
¿Qué maravilla podrías sentir si yo ya no siento nada?
¿De qué altura podríamos caer si ya estamos en el fondo?
¿Qué terror te podría hacer vivir si ya esperás con los ojos cerrados?
Advertirte sea quizás el mejor gesto de amor que puedo regalarte: no entres a este infierno, vos y yo no podemos estar juntos.

sábado, diciembre 07, 2013

“Girl, you´ll be a woman soon"




Todo parecía más fácil en aquel entonces.
Los pequeños problemas se reducían a que te sacara a bailar un lento el chico que te gustaba, que la botellita apuntara directo a su boca y a la tuya, a crecer sin saber lo que venía adelante.
Gusto de vos. ¿Querés ser mi novia?
¿Me das tiempo para pensarlo? Te contesto mañana.
Y de repente eras la novia de alguien, un noviazgo raro, obviamente, porque las chicas “bien” estábamos en la calle poco tiempo, salíamos poco y esperábamos que él tomara la iniciativa. Una mirada furtiva, las manos juntas al salir del Cole, un beso robado, corto, inocentemente breve.
Un lento. No importaba cuál era. La mano de él en tu cintura. Su aliento. Eso te bastaba para volar tu cabeza en la almohada, a alturas insospechadas.
Zapatitos negros, medias tres cuartos, cuadernos atravesados de corazones con sus iniciales, no sabés lo que duele hacerte grande.
Peinado parado a fuerza de gel, pantaloncitos nevados, no tenés idea de lo veloz que es el tiempo, de que te vas a volver “mujer” y vas a soñar menos en esa almohada diseñada para dormir exhausta después de un día pesado.
Pero un día cualquiera te vas a acordar de tus ojos brillantes, de tu sonrisa “a prueba de fracasos”, de tus ilusiones. Y en el cuerpo vas a volver a sentir que estás bailando un lento. Ese lento, con él.
Cerrá los ojos, ayer es hoy, vos sos la misma.

lunes, julio 15, 2013

Manifiesto



Necesito saber quién soy yo sin vos.

Aunque crezca el incendio en la piel, porque me quema dejarte ir. Y me muerda la noche y su oscuridad.
Procuro en silencio verte dormir y recordar cuando tus manos eran más pequeñas que las mías y éramos uno.
La pared tiene cicatrices: rayitas desprolijas que iban midiendo la distancia de tus pies al hombre que pronto serás.
Este advenimiento del fin, esta promesa sin certezas. Sin tu voz al abrir la puerta, sin tu alegría.
Tu primer diente de leche guardado en una cajita llena de recuerdos.
Dejame tus miedos, vos caminá adelante, e intentá comer el mundo de a poquito.
Verte crecer fue un privilegio. El mejor paisaje de mi vida.
No puedo dejarte caer, soy tu red y la mano que no te suelta. El salto mortal es mío.
Nos volveremos a ver cuando invente otro cielo.
No estoy llorando. Estoy sembrando nomeolvides. Para cuando vuelvas.
El olor a lluvia es tuyo, yo me quedo con la tormenta, no mirés para atrás.

jueves, abril 25, 2013

Veneno



Cómo hemos cambiado. Ahora no sabemos cómo hacernos reír. Ni cómo hacernos doler.



 Se sabían de memoria. No como esas cosas que se aprenden mal y por compromiso. Se sabían del derecho y al revés, por dentro y por fuera.
Si la vida se ponía complicada siempre se pone complicada sabían que al volver  a casa y cerrando las puertas los esperaba una barricada, una suerte de talismán para romper el sortilegio de la realidad y sus sinsabores. Eran el uno para el otro, o mejor dicho eran el uno con el otro. Un dúo afinado, un escudo ineludible, un par desordenado.
Cada amanecer los encontraba igual, hechos uno respirando paz.
Nunca se supo como un día después de tantos años se rompió el abrazo, el talismán. La barricada ya no supo defenderlos de todo. Fueron ellos desde adentro, los que sin querer que es como pasan las cosas maravillosas, pero también las desgracias los que se declararon la guerra.

Cuentan que duró mil noches.
Cuentan que fue muy fría.
Cuentan que ya nunca fueron los mismos.
Y que las sonrisas empezaban a llorar.

Se volvieron a encontrar por casualidad que es también como pasan las cosas maravillosas y alguna que otra desgracia, pero no se reconocieron al tocarse, y el talismán que alguna vez tuvieron para protegerse del mundo, seguía roto. Un simple adorno. Igual que los recuerdos dentro de esa máquina del tiempo que nos empeñamos en desempolvar cada vez que nos gana la nostalgia. 
Como no sabían qué hacer, decidieron decirse adiós.

Cuentan que dolió mil noches.
Cuentan que hizo mucho frío.
Cuentan que todos los días se buscaron entre las multitudes con la mirada, y en otras pieles encontraron descanso.
Y que la felicidad, a veces, es un veneno si se la toma toda junta.

sábado, diciembre 08, 2012

Sea así.

Un día común, sin presagios oscuros.
Descarnando el misterio, escondido en tu voz.
Si me vas a encontrar, que sea siempre en tu risa.
La inquisición del tiempo, el umbral de luz.
Si te vas a quemar, que no sea en mis miedos.
Tu lejano infierno delicado de ayeres.
Si me vas a arder, que no sea en secreto.
Tu cielo, mi cielo, y todas sus tormentas.
Si me vas a mojar, no me dejes pensar.
No ahorremos para instantes soñados.
Si me vas a deber, que no sea placer.
Las palabras que no llegan a incendio.
Los silencios que no alcanzan a ser.
Si te vas a confesar, que sea en mi espalda.
La urdida parsimonia de las cosas que sin prisa nos pasan.
Si me vas a querer, que no sea al final.