sábado, enero 31, 2015

Condena



 ...So you think you can stone me and spit in my eye
So you think you can love me and leave me to die
Oh baby - can't do this to me baby...
(Queen- Bohemian Rhapsody)



Se sabe. Dos demonios no pueden estar juntos.
Más allá de una cuestión de equilibrio o de practicidad se trata de un asunto de vida o muerte.
El demonio está diseñado para infligir todo el daño que le sea posible. Y aunque difícilmente puede herir a otro demonio puede aniquilarlo en cuestión de segundos.
Es costoso para el infierno (esa escuela de demonios) generar seres endemoniados hechos y derechos entonces cada pérdida es casi irreemplazable. Porque un demonio requiere de muchísimo estudio sobre las cuestiones sociales y corrupciones de todo tipo. Además tiene que tener el lomo repleto de cicatrices de miles de desilusiones mal curadas, un sinnúmero de decisiones mal tomadas y caminos sin rumbo. Y, poco a poco, ir perdiendo algunas capas de la piel:  la piedad, la empatía y hasta la sonrisa.  Todo demonio es un reservorio inagotable de crueldad sin límite, de gusto por reverenciar lo sórdido, de placer de romper, de enviciar y ensuciar lo bello. De tragar sin escupir toda la mierda y la inmundicia ajena.
Por eso los demonios tienen prohibido acercarse demasiado entre ellos. Deben guardar una distancia prudencial, no intercambiar fluidos y obviamente tienen terminantemente vedado el mínimo intento de sentir. Porque aunque el amor sea un invento infernal (por esa obsesiva pasión que sienten los demonios de ver padecer a los otros), en el decálogo del “buen demonio” (esa contradicción) el amor es la peor estigma. Caer en él no sólo sería convertirte en un demonio patético, el hazmerreir del averno, sino que es una afrenta que se paga con dolor. Otro dolor.
Como cualquier mortal sabe un demonio no es más que un ángel caído. O en lenguaje corriente: un ángel que hizo todo mal y se lo expulsa donde hacer todo mal es la principal premisa: abajo.
Dos demonios no pueden estar juntos.
El mal los necesita en sus torcidas filas.
La historia los precisa para justificar las torpezas de la humanidad.
Dos demonios no se pertenecen porque no pueden ser ni de ellos mismos.
Aprendices de traidores, mala hierba, engendros de un caos delicado, adoradores del fuego, manzanas podridas, almas en pena. Mucha, mucha pena, poca, poquísima gloria.
Y aunque les duela el dolor, les hierva la sangre, los empuje la soledad y les queme la noche, dos demonios no sirven para estar juntos.
Aunque el bien y el mal sean un invento ridículo de quien necesita ordenar categóricamente las cosas. Aunque nos duela ser como somos.
¿Qué gracia tendría tocarte si no puedo hacerte sangrar?
¿Qué maravilla podrías sentir si yo ya no siento nada?
¿De qué altura podríamos caer si ya estamos en el fondo?
¿Qué terror te podría hacer vivir si ya esperás con los ojos cerrados?
Advertirte sea quizás el mejor gesto de amor que puedo regalarte: no entres a este infierno, vos y yo no podemos estar juntos.

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